Desde 1948, todos los 7 de abril se
conmemora el Día Mundial de la Salud.
Cada año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) elige una enfermedad de
relevancia mundial y se trabaja en torno a ella.
Este 2017 se ha optado por informar sobre la
depresión, problemática que definen
como la mayor causante de enfermedades y discapacidades a nivel mundial.
La depresión
se anuncia como un trastorno de la salud frecuente en todo el mundo, y se estima
que afecta a 300 millones de personas. Esta enfermedad no hace distinción de
edades, géneros ni clases sociales. Ella provoca variaciones en el estado de
ánimo de las personas y repercute en el desarrollo de su vida cotidiana. Provoca
alteraciones físicas y psicológicas que aumentan el riesgo de trastornos por el
uso de sustancias.
Si la depresión persiste por un largo
período, puede causar alteraciones en las actividades escolares, laborales,
familiares y sociales del individuo. “En
el peor de los casos puede llevar al suicidio. Cada año se suicidan cerca de
800.000 personas, y el suicidio es la segunda gran causa de muerte en el grupo
etario de 15 a
29 años”, informan desde la OMS.
Esta enfermedad puede curarse. Existen
tratamientos eficaces pero se calcula que alrededor del mundo más de la mitad
de los afectados no tienen acceso a ellos. La falta de recursos y personal
capacitado, junto a los erróneos diagnósticos o los tratamientos únicamente con
antidepresivos son algunos de los motivos por los cuales entran en falencia los
tratamientos.
Los
trastornos de depresión pueden
clasificarse en leves, moderados o graves, y algunos de sus síntomas son:
ansiedad, alteraciones del sueño y del apetito, baja autoestima o dificultades
de concentración.
Depresión entre adolescentes y jóvenes adultos
La depresión
es el producto de interacciones complejas entre factores sociales, psicológicos
y biológicos. Son más propensos de sufrir esta quienes hayan pasado por
situaciones adversas como el desempleo, enfermedades crónicas, luto o traumas
psicológicos.
Desde la OMS resaltan la importancia de los
programas de prevención, sobre todo
de aquellos que comienzan en la edad escolar. Dichos programas se enfocan en “promover un modelo de pensamiento positivo
entre los niños y adolescentes”. También existen intervenciones dirigidas a
padres de niños con diversos problemas de salud o conducta, para evitar que
ellos caigan en depresión ante la impotencia de la situación.
Como instancia necesaria, cuando la
prevención no ha llegado a tiempo, es necesario identificar el tipo de nivel en
que se encuentra la enfermedad y así brindar las intervenciones necesarias a la
persona afectada. Los tratamientos psicológicos de forma individual o grupal
son vistos como la forma más eficaz para hacer frente a esta enfermedad. Los
antidepresivos no siempre son considerados la mejor opción, ya que traen
consigo consecuencias colaterales como la drogodependencia.
La depresión
es una enfermedad silenciosa, pero que se hace cada vez más notoria cuando
invade a una persona. Hablemos, actuemos. No seamos indiferente al sufrimiento
y al dolor ajeno, quizás el de al lado no tenga el valor, ya sea por miedo o
por resignación, para alzar su voz y pedir ayuda. Hablemos de depresión.
Hablemos de prevención. Sumemos nuestro granito de arena y luchemos contra esta
enfermedad que ataca a las personas desde lo más profundo de su ser.
Corto que refleja la depresión que sufrió el escritor e ilustrador Matthew Johnstone y la cómo la superó.

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