miércoles, 12 de julio de 2017

La familia en la prevención

  
   Desde Fundación CRESCER, Caminos de Revalorización con Educación, Salud y Cultura en Entre Ríos, sostenemos que es de gran importancia analizar el rol que tiene la familia en la prevención de adicciones de nuestros jóvenes. 
La familia es el grupo responsable de cuidarnos y protegernos desde la infancia, pero también de integrarnos al mundo y de hacer que, a través de la enseñanza de prácticas, reglas y pautas de convivencia, podamos llevar adelante una vida saludable.
La educación y la comunicación son dos puntos importantes que debemos tener en cuenta para llevar adelante la función de agentes preventivos. Para tener una buena comunicación es importante el diálogo, siempre sabiendo escuchar y entender al otro, a sus problemas, sus inquietudes y sus sentimientos. Hay que generar la confianza entre adultos y jóvenes, para que la comunicación sea eficaz.  
La educación es esencial para cualquier ser humano. Si bien la escuela es la encargada de aportar, principalmente, los conocimientos académicos, la familia es la institución que proporciona aprendizaje de valores que luego serán fomentados durante los años escolares. El respeto, los buenos modales, el cuidado del cuerpo y de la salud, son algunos de los más importantes valores que un niño o una niña puede recibir desde sus primeros años, ya que ellos los formarán como persona y los acompañarán durante toda su vida.
Pero no sólo se trata de educar con palabras, sino con ejemplos. Es importante ser modelo de conducta; estableciendo límites y normas claras, y respetarlas, porque ellas estructurarán a nuestros jóvenes y los ayudarán a tomar decisiones importantes sobre su vida y futuro.
La familia debe acompañar a cada paso, pero debe hacerlo con amor y respeto. Todo niño o niña necesita sentirse querido y respetado, necesita un abrazo, necesita tener voz y ser escuchado, necesita ser autónomo, pero sobre todo, necesita sentirse importante.
Es por eso, que durante este mes, invitamos a las familias a detenerse un instante y pensar, analizar qué conductas deben fortalecer, incorporar o cambiar como grupo para llevar a cabo una convivencia adecuada, promoviendo a sus hijos e hijas un ambiente de crecimiento y fortalecimiento saludable que les permita tomar buenas decisiones en el camino de la vida.


Por: Anahí Correa